Comenzó con dos mujeres que crecieron en mundos distintos.
Cinthya nació en Cuba. Alicia, en Canarias. Dos vidas diferentes, dos caminos distintos. Y una historia que, años después, terminaría cruzándolas en el mismo lugar.
De esa amistad, de las conversaciones, las ideas y las ganas de crear algo propio, nació Un Lugar. No como un simple café o unas casas, sino como espacios pensados para que las personas puedan sentirse cómodas, inspiradas, tranquilas y conectadas.
Cinthya nació en un pueblo pesquero.
Nací en Cojímar, un pequeño pueblo pesquero al este de La Habana. Crecí en una Cuba donde había poco: pasamos necesidad, como muchos.
Y aun así, si me preguntan si volvería a repetir mi niñez, digo que sí. No teníamos juguetes, pero jugábamos con cualquier cosa: un palo, una piedra, una pelota inventada. Me divertía muchísimo con mis amigos del barrio, junto al mar.
Crecí en una familia humilde y muy humana. De ahí viene casi todo lo que soy hoy, pero esa parte la cuento entera más abajo.

Alicia creció entre la arena y el mar.
Crecí en Guanarteme. Mis padres se mudaron allí justo cuando nací, y desde entonces mi infancia quedó ligada a la playa de Las Canteras.
Sentía que el mar y el deporte formaban parte de mí. Mi infancia fue eso: playa, amigos, arena en los pies, llegar tarde a casa casi siempre. Y ser muy feliz.

Cinthya cruzó el Atlántico hasta Las Palmas.
Empecé estudiando agente de viajes y después trabajé en una agencia. Más adelante vi una oportunidad en una financiera donde formaban a las personas desde cero, y decidí probar.
Sin saberlo, estaba a punto de cruzarme con la otra mitad de esta historia.
Y entonces, nos conocimos.
Fue en aquella financiera donde Cinthya y Alicia se conocieron. Compartían escritorio, cafés a media mañana, y algo más importante: las ganas de construir algo nuestro y sentir libertad.
Dos mujeres de dos islas distintas: una del Caribe, otra del Atlántico. Aunque trabajábamos para otras personas, dentro de nosotras ya existía la idea de crear algo propio. Solo faltaba el momento.
Todo empezó en un garaje.
Sin tener demasiada experiencia, pero sí muchísimas ganas, decidimos abrir un bar. En 2013 alquilamos lo único que teníamos: un garaje vacío en Guanarteme: cuatro paredes, una persiana metálica y una idea que crecía despacio.
Cuesta creer que de ahí saliera todo lo que vino después. Pero ahí empezó: en ese garaje, con más ilusión que recursos.

Abrimos Un Lugar Cocktail Bar.
Cinthya se formó como coctelera, y aprendimos sobre la marcha: probando, equivocándonos y volviendo a empezar.
Nosotras mismas preparábamos los cócteles, atendíamos a los clientes y cuidábamos cada detalle. Durante seis años, fue ese sitio.

Y entonces llegó el COVID.
Exactamente seis años después, el 14 de marzo de 2020, la noche se paró por completo. El ocio nocturno fue uno de los sectores más golpeados, y entendimos que teníamos que reinventarnos o desaparecer.
Fue difícil, y a la vez una de las etapas más importantes. Hubo una frase que nos marcó: "Tu negocio nunca crecerá más de lo que tú crezcas como persona." Vimos cómo Las Palmas se llenaba de nómadas digitales, creativos, estudiantes, y en la isla todavía no existía un espacio pensado para ellos. Mucha gente nos decía que estábamos locas. Decidimos apostar.

De un cocktail bar a un café workspace.
En apenas un mes transformamos completamente el local. Pasamos de la noche al día.
Creamos el tipo de lugar que a nosotras mismas nos habría gustado encontrar: mesas cómodas, buena energía, café, luz natural, y un ambiente donde poder concentrarse sin prisas. Así nació Un Lugar Café Workspace.

Y luego, House Canteras.
A principios de 2022, muchos clientes empezaron a preguntarnos dónde podían quedarse cerca del café. Y justo encima del local apareció la oportunidad de crear nuestro primer alojamiento. Así nació Un Lugar House Canteras: espacios cómodos, humanos y tranquilos para vivir la isla.

Una segunda casa, dos formas de vivirla.
En 2023 llegó una segunda casa, en Arenales, junto a la universidad y al Obelisco. La reformamos por completo siguiendo la misma idea: luminosa, tranquila, con vida de barrio.
En 2025 entendimos que esa casa podía vivirse de dos formas: House San Telmo, para estancias cortas, y Long Stay, para estancias largas.
House San Telmoestancias cortasLong Stayestancias largasUna marca con varias formas.
Hoy Un Lugar es el Café Workspace, las dos casas y las estancias largas. Y seguirá siendo lo que tenga que ser.
La idea sigue intacta: crear espacios humanos, despacio. Seguiremos con nuevas ideas, aprendiendo, creciendo, buscando siempre cómo hacerlo mejor. Lo que venga después, ya se verá.

No buscamos crear una marca perfecta o impersonal.
Queremos crear espacios donde la gente pueda trabajar, vivir, conectar, descansar, inspirarse y sentirse cómoda. Un Lugar es comunidad, diseño, calma, creatividad y personas.
Más allá de la línea de tiempo.

Cinthya
Nunca debemos olvidarnos de dónde venimos.

De dónde vengo.
Crecí en una familia humilde, sencilla y muy humana. Mi familia siempre me enseñó algo que hasta hoy considero fundamental: ayudar a los demás. Han sido siempre personas serviciales, de las que aunque tengan poco, intentan dar.
Mi abuela me guardaba su parte del pan para que tuviera merienda en el colegio. A veces mi madre preparaba una especie de crepe solo con harina y agua, porque ni siquiera había aceite, y el refresco muchas veces era agua con azúcar. Teníamos un solo par de zapatos para todo.
Mi hermana mayor fue la primera de la familia que se fue sola a trabajar a otro país. Desde lejos, fue ella la que nos ayudó a tirar para adelante. Mi madre trabajaba sin parar, siempre estaba en la lucha, como decimos en Cuba. Todo ese esfuerzo me enseñó a valorar las oportunidades, a luchar, y a nunca olvidar de dónde vengo.
Estamos obligados a devolver al mundo, de alguna manera, aquello que un día alguien hizo por nosotras.
Aprender, siempre.
El COVID, aunque fue durísimo, me hizo despertar. Empecé a leer, a estudiar, a escuchar podcasts, a aprender sobre negocios y crecimiento personal. Sentí una necesidad enorme de crecer como persona, de entender mejor la vida y de abrir la mente.
Desde entonces no he parado. Me apasiona crear, aprender y evolucionar: hablar de proyectos, de ideas, de posibilidades. Soy de las que cuando alguien me cuenta una idea, ya empiezo a imaginar cómo mejorarla o cómo ayudar.
Creo que una de las cosas más importantes en esta vida es ser agradecida. A Dios, a la vida, a las personas que estuvieron ahí, y también a cada experiencia que me tocó vivir. Todas, de alguna manera, me ayudaron a convertirme en quien soy hoy.
Más allá del trabajo: el deporte.
Si hay algo que forma una parte muy importante de mi vida es el deporte. Desde pequeña jugué tenis en Cuba, y años después descubrí el tenis playa. Siento que me dio una segunda oportunidad: me devolvió la ilusión de competir, de superarme, de sentirme viva haciendo algo que amo.
Para mí el deporte no es solo ejercicio físico. Es salud mental, disciplina, equilibrio, energía. Creo profundamente que el deporte puede cambiar vidas y ayudarnos a conectar con nuestra mejor versión.
Hoy entiendo que todo lo que hago tiene un mismo propósito: crear espacios, proyectos y experiencias donde las personas puedan sentirse mejor, crecer, inspirarse, y creer un poco más en ellas mismas.
Alicia
Mar y amigos.
Nací en Las Palmas de Gran Canaria, en el barrio de Guanarteme, y crecí con el mar muy cerca. Desde pequeña, el mar ha sido mi aliado, mi lugar y una parte inseparable de mi vida. A día de hoy, lo sigue siendo.
Estudiaba en un colegio de monjas y crecí en una familia sencilla, donde aprendí desde muy pequeña el valor del esfuerzo. Vi trabajar muy duro a mi padre y entendí lo que significan las horas, la constancia y luchar por aquello que quieres. Creo que todo eso me dejó una huella muy profunda.
Pero mi infancia fue, sobre todo, mar y amigos.
Nada más salir del colegio quería estar en la playa. Las Canteras era nuestro mundo. La Cícer era uno de mis lugares favoritos: allí aprendí a hacer surf, conocí a muchos de mis amigos y pasé horas compartiendo, jugando y haciendo deporte.
También practicaba gimnasia rítmica y recuerdo aquellas barras que había en la playa, donde seguía haciendo mis ejercicios. Y, por supuesto, estaba mi inseparable rueda negra, con la que me encantaba jugar y que tenía la costumbre de manchar los bañadores nuevos que mi madre me compraba… o directamente romperlos.
Crear vínculos.
Era inquieta, curiosa y siempre quería saber, conocer y descubrir. Me gustaba estar con personas, compartir y crear vínculos. Y creo que, sin darme cuenta, durante toda mi infancia fui creando vínculos con las personas, con los lugares y con todo aquello que me hacía sentir algo.
Con los años he entendido que quizá ahí estaba una parte muy importante de mí.
Porque para mí, las cosas necesitan tener un significado y las personas necesitan sentirse bien.
Y creo que de ahí nace también mi manera de entender Un Lugar: cuidar los pequeños detalles, recibir con una sonrisa, compartir unas palabras, ayudar cuando puedo y conseguir que quien entra se sienta cómodo, acompañado y bien recibido.
Porque los pequeños gestos pueden parecer insignificantes, pero para mí son enormes.
Al final, los lugares que recordamos para siempre no son solamente los lugares donde estuvimos, sino cómo nos hicieron sentir.
Trae el barrio, la calma de quien construye despacio, y la manía de cuidar los detalles, la que se nota en cómo está puesta la mesa, cómo huele el local cuando entras, cómo cuelga una lámpara.